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En las polleras de Warmichic se entretejen lo ancestral y lo contemporáneo. La diseñadora detrás de estas prendas, la senatina Qarla Quispe, ha logrado a sus treinta y cuatro años ser reconocida internacionalmente por su trabajo, tanto a nivel de investigación como de diseño. Ahora, Warmichic va más allá y ha inaugurado Warmilab, un laboratorio para promover las creaciones de artistas emergentes. 

Entró en la carrera de Diseño Gráfico de SENATI por deseo de su madre. “Estudias en SENATI algo en serio y luego haces lo que quieras”, recuerda que le dijo. Ahora, con la visión que ofrece el paso del tiempo, es algo que agradece. “La base sólida sobre la que he construido todo lo que tengo la adquirí estudiando en SENATI”, explica. Es con esa doble formación que ha conseguido darle a todo lo que hace un equilibrio entre la técnica y la profesionalidad, y “un poco de locura y empatía artística”.

Al acabar la carrera en SENATI no lo dudó, postuló a Bellas Artes y, a la vez, empezó a trabajar en distintas agencias. Quería presentarse como directora de Arte. Pero su camino fue adquiriendo otros derroteros. En un viaje a Huancayo, quedó deslumbrada con la fabricación de las polleras, la variedad de los diseños y su significado antropológico. A partir de ese momento, Qarla inició su investigación sobre los diseños andinos y encontró en ellos una fuente de inspiración para lo que sería la empresa Warmichic como hoy la conocemos. “Este emprendimiento nace de la necesidad de poder hablar a través de mi arte”, explica la artista. 

¿Qué te inspiró a llevar los motivos del arte peruano tradicional a la moda?

Recuerdo que en la carrera de Diseño Gráfico de SENATI teníamos cursos de formación artística con miras a lo andino, a lo ancestral y cultural. Por eso, mientras estudiaba, era un mundo que no me fue ajeno y lo seguí desarrollando porque me gustó. Las formas prehispánicas eran lo que más veíamos. El arte popular lo estudié más adelante, pero los rombos y la  chacana, por ejemplo, eran formas que usábamos mucho al estudiar las culturas. Me gustaba ese nivel de enseñanza, porque no era un nivel de estudio básico, sino gráfico y a los creativos nos gusta eso.

¿Cómo fue el salto a la fusión con el arte popular?

Cuando llegué a Bellas Artes ya fue otra locura, vi más de cerca el arte popular porque viajé más. Fue una fusión de lo tradicional con lo contemporáneo, pero de manera correcta, porque para ser un buen artista no solo tienes que hacer bien tu trabajo, sino tener respeto por aquello en lo que te inspiras. No puedes tomar cosas de una cultura o un artista porque te da la gana y ya. Es clave la investigación. Por eso es importante para mí haber aprendido en SENATI la disciplina y el enfoque. 

Esa disciplina, mezclada con altas dosis de creatividad y esfuerzo, es lo que ha llevado a sus diseños a tener presencia en Europa y Asia. “Uno pierde cuando se queda, todos los días hay que avanzar un poco y no dejar de perseverar”, cuenta. Por eso, Qarla Quispe no deja de innovar. Su más reciente proyecto es Warmilab, un laboratorio de experimentación artística en el que los artistas participantes pueden recibir asesorías para impulsar las ventas de su arte. Ellos, a su vez, comparten sus saberes con las personas que participan de los talleres llevados a cabo en la sede de Warmilab. El espacio está también destinado a la presentación de showrooms , donde se pueden exponer y vender las piezas artísticas de quienes participen de la casa-residencia. 

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